Empezando a funcionar: Paciencia e insistencia

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He fracasado una y otra vez en mi vida. Por eso he tenido éxito”, Michael Jordan.

Tras las entradas anteriores sobre la formación de la empresa, comenzamos una serie de relatos acerca de dar los primeros pasos dentro de este difícil pero apasionante mundo del emprendimiento.

Entre las principales características que nos deben gobernar a la hora de empezar nuestra andadura, dos se erigen por encima del resto. Son la paciencia y la insistencia.

Al iniciar tu propia empresa, es imprescindible tener muchísima paciencia, en dosis incalculables y en todos los sentidos. Ya desde el establecimiento de la compañía hacen falta una serie de trámites que, pese a delegar en un gestor o notario, son bastante complejos, y más en comparación con otros países cercanos de la zona euro.  Hay que ser conscientes de ello y no desesperarse ante la lentitud de la burocracia, algo por desgracia bastante frecuente. Y también hay que ser paciente en otro sentido, al ver que el emprendimiento conlleva una serie de gastos fijos que merman el capital inicial hasta que el flujo de la caja empieza a ser en ambas direcciones: los citados gestores, pago de seguros, inversión en equipamiento, etcétera.

En segundo lugar, Feedback está comprobando la frase que abre este texto. Michael Jordan decía que eran los malos momentos los que, gracias a su ahínco y a su insistencia, le habían hecho alcanzar su grandeza. Tras el necesario estudio inicial de la situación, optar por emprender lleva consigo la obligación de no rendirse. Para conseguir clientes has de llamar a muchas puertas; siempre, tras diecinueve cerradas, aparece una vigésima abierta. Es cuestión de creer en ti y no desfallecer. Siembra, que la hora de cosechar acaba llegando.


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